Jefes que llegaron por desempeño técnico: cómo formarlos en liderazgo
Por Camilo Villa · Psicólogo Organizacional ·
Hay un patrón que se repite en casi todas las empresas del sector comercial: el mejor vendedor termina siendo jefe de ventas, el operario más confiable termina siendo supervisor, el analista más rápido termina coordinando el área.
Es una decisión lógica. Se premia a quien rinde y se le da más responsabilidad. El problema es que las competencias que hacen a alguien excelente en una tarea no son las mismas que lo hacen capaz de dirigir a quienes la ejecutan. Son dos trabajos distintos, y nadie le avisó.
Cómo se ve desde afuera
El jefe que llegó por desempeño técnico sostiene la operación. Normalmente la sostiene bien. Por eso el problema tarda en hacerse visible: los números no se caen de un día para otro.
Lo que sí aparece, casi siempre en este orden:
- Comunicación difícil. Instrucciones que se dan a medias porque para él son obvias. Lo que para un experto es evidente, para alguien que lleva tres meses no lo es.
- Decisiones que se demoran. No por indecisión, sino porque prefiere resolverlo él antes que delegarlo y arriesgarse a que salga mal.
- Un equipo que no crece. Si el jefe hace las tareas difíciles para que salgan bien, nadie más aprende a hacerlas.
- Gente buena que renuncia sin explicación clara. En la entrevista de salida dirán “una mejor oportunidad”. Rara vez dirán el motivo real.
Y hay un costo que casi nunca se cuenta: el jefe también la está pasando mal. Está haciendo un trabajo para el que no lo prepararon, con la presión de no poder admitirlo.
Por qué los cursos de liderazgo no lo resuelven
La respuesta habitual es inscribir a los jefes en una capacitación de liderazgo. Dos días, un temario estándar, buena evaluación de satisfacción al final. Tres meses después, todo igual.
No funciona por tres razones concretas:
El temario es genérico. Un curso de catálogo cubre comunicación, motivación, feedback y manejo de conflicto, en ese orden, para todos. Pero si el problema real de sus jefes es que no saben delegar, cuatro horas repartidas entre otros cuatro temas no lo mueven.
No hay línea base. Si no se midió cómo lideraban antes, no hay forma de saber si cambió algo. Queda la encuesta de satisfacción del curso, que mide si les gustó, no si lideran mejor.
No hay seguimiento. Una competencia de liderazgo no se adquiere en un aula. Se adquiere aplicándola en la operación, equivocándose y corrigiendo, con alguien que acompañe ese proceso.
Qué sí cambia el comportamiento
Empezar por las brechas reales, no por el temario
Antes de diseñar nada hay que saber qué competencias le faltan a estos jefes, en este cargo, en esta empresa. Eso se levanta con evaluación por competencias, entrevistas con el equipo a cargo y revisión de los indicadores que ya existen —rotación del área, clima, cumplimiento—. El resultado no es un diagnóstico abstracto: es una lista corta de dos o tres competencias concretas sobre las que vale la pena trabajar.
Medir antes de empezar
Clima del área, rotación del equipo a cargo, percepción del equipo sobre su jefe directo. Tres mediciones tomadas antes de la primera sesión. Son las que permiten, seis meses después, decir si algo se movió y cuánto.
Formar sobre casos de la propia operación
No sobre casos de manual. Sobre la conversación difícil que ese jefe tiene pendiente con alguien de su equipo esta semana. El aprendizaje se sostiene cuando se aplica a algo que ya está ocurriendo.
Volver a medir contra la misma línea base
Y si un indicador no se movió, se ve y se ajusta. No se supone que funcionó porque la gente salió contenta de la sesión.
Una advertencia honesta
No todo jefe técnico quiere ser jefe. Algunos aceptaron el cargo porque era la única forma de ganar más o de que los reconocieran, no porque quisieran dirigir gente.
Cuando eso aparece en el diagnóstico, formarlo en liderazgo no es la respuesta. La respuesta es revisar si la empresa tiene una ruta de crecimiento técnico, para que ascender no sea la única manera de progresar. Es una conversación más incómoda, pero evita quemar a un buen especialista convirtiéndolo en un jefe infeliz.
Si esto describe a sus jefes de área
En Magnata formamos jefes y supervisores partiendo siempre de un diagnóstico de las competencias que de verdad hacen falta en ese cargo, con medición antes y después. Sin temarios de catálogo.
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